Maduro se queda sin dólares y saquea el bolsillo de los venezolanos

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La informalidad de la economía en Venezuela provocó que el régimen de Nicolás Maduro disminuyera el caudal de dólares en sus arcas. (Archivo)

«Venezuela tiene las divisas, los dólares, los euros que necesita para el funcionamiento y desarrollo de la economía completa y digo más, nos sobran dólares para la economía”. Ese era Nicolás Maduro en 2013. Hoy su realidad es otra, asegura Henkel García, director de Econométrica, en entrevista con PanAm Post.

Las arcas del régimen están en rojo y esa falta de liquidez provoca medidas innecesarias como ordenar el pago de 2 % de impuesto a quienes realicen transacciones en divisa norteamericana a través de la banca local, afirma el especialista en finanzas.

Necesario como tal no es ese impuesto, pero lo que están buscando es aumentar su recaudación que está por el piso por la misma informalidad de la economía producto de la dolarización”.

Pero ese no es el único motivo que gatilla las medidas de la dictadura, según García: “la economía que se ha empequeñecido bastante” también ha incidido en la austeridad de Maduro.

Asegura que el objetivo detrás de la medida es “tratar de desincentivar el uso del dólar”. Sin embargo, este propósito está lejos de tener éxito cuando “ya hay un proceso de dólar avanzado y bajo las condiciones actuales ya hay beneficios que estarían manifestándose”.

Un obstáculo a la vista

La implementación de la moneda extranjera en el país suramericano, con Estados Unidos vigilando de cerca las acciones de Maduro y su entorno, impiden considerar su oficialización en el mercado, dice Henkel García.

“No veo dolarización formal, con las sanciones sería muy difícil. Ese es un gran obstáculo, es poco lo que se puede avanzar”, sostiene.

Sin el apoyo de Washington “el asunto no es sencillo” pero “la banca puede avanzar” hacia una dolarización financiera que “facilitaría la facturación y operación de los negocios, empresas y ciudadanos”.

Alcanzar ese escenario requeriría un esfuerzo mayor del régimen si además pretende estabilizar el precio de la divisa, apunta García, porque «adoptar al dólar como una moneda de curso legal que pudiese convivir con el bolívar va en medio de un gran conjunto de políticas que pudieran llevar a una estabilización. No es que yo acepto el dólar y estabilizo la moneda”.

El analista económico y político, Tomás Socías López coincide con García cuestionando las acciones del chavismo, que, a su juicio, “en vez de tranquilizarse ante la flotación del cambio, que es algo normal en los países del mundo en donde se elimina el control de cambio, vuelve a utilizar controles, regulaciones, actitudes de un Estado interventor que debe velar absolutamente por todo cuando ese no es su papel”, reseña Extra Venezuela. 

El experto advierte que el impuesto encarecerá más la divisa extranjera, precipitará la inflación sin lograr su objetivo y “ojalá no traiga un freno de mayores consecuencias”.

Una banca precaria

Abrir el sistema financiero a una dolarización deja al descubierto que, aunque “la banca venezolana ha demostrado capacidad para mantenerse a flote en medio de una economía devastada por la hiperinflación y siete años continuos de recesión, la crisis la ha convertido en una enana que gestiona un volumen insignificante de créditos, cierra agencias y recorta el número de trabajadores”, asegura RunRunes. 

Según el tipo de cambio oficial, el total de créditos que reporta la Superintendencia de Bancos al cierre de julio de este año equivale a 169 millones de dólares, “una cifra ínfima que habla de un sistema financiero pulverizado”.

En 2013 cuando Maduro presumía su abundancia y “antes de que comenzara el deslave de la economía, el portafolio de créditos de toda la banca equivalía a 45 691 millones de dólares y Del Sur, una pequeña entidad financiera que solo controlaba 0,4 % del mercado, gestionaba créditos por 186 millones de dólares, un portafolio de créditos superior al que tiene toda la banca en este momento”, apunta el portal.

Una crisis multifactorial

A “escala regional también queda clara la paupérrima dimensión de la banca venezolana si se compara con República Dominicana, que tiene menos de la mitad de la población de Venezuela y una sola de sus entidades financieras, el Banco Popular, gestiona créditos por 5 900 millones de dólares, magnitud que supera 35 veces los créditos de los 29 bancos venezolanos”, afirma RunRunes.

El Banco de Loja en Ecuador, una entidad financiera que controla 1,1 % del mercado de créditos del país, posee un portafolio de préstamos por 318 millones de dólares que también supera al de toda la banca venezolana.

“La hiperinflación genera destrucción de la moneda, la población renuncia a cualquier tipo de ahorro y se empobrece aceleradamente; una economía en depresión que es 80 por ciento más pequeña que hace siete años, con empresas que producen al mínimo y unas autoridades con una política restrictiva respecto al crédito”, son para Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, las causas de la debacle de la banca que ahora tiene como desafío la dolarización.

“En la mayoría de los países de América Latina el crédito representa 30 % del PIB pero en Venezuela no llega a medio punto del PIB, entonces la banca venezolana prácticamente no tiene ningún efecto en variables como el consumo o la inversión”, subraya.

Un nuevo año sin aliento

“Venezuela es un país que tuvo una contracción profunda y eso no va a cambiar sustancialmente”, pronostica también Asdrúbal Oliveros. Ante esta realidad considera que tanto las empresas como los comerciantes deben tener una visión de “nichos de mercado”.

“Siendo una economía más pequeña, los productores deben entender que deben apuntar sus esfuerzos hacia nichos de mercado, con clientes objetivos y no necesariamente con consumo masivo porque eso es algo que ya no existe en Venezuela”.

Apunta que “el problema a no es el control de precios, sino que la gente ya no gasta como antes” y considera que la época en la que las empresas podían fijar los precios de sus productos a una tasa que les permitiera tener un margen de ganancia considerable, se acabó.

“La población está cambiando y no es capaz de adaptarse a cambios de precios tan fácilmente como podía hacerlo en el pasado”. En este sentido, reconoce como “imprescindible que se produzca una adecuación de los modelos de negocio”.

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Have lived and invested in Venezuela full time for the last eight years and visited for each of twelve years prior to that. Studied and closely followed developments in Venezuela since 1996.