Maduro se burla del pueblo que pasa hambre presumiendo su sobrepeso

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Maduro ironizó sobre su apariencia en televisión, mientras la población venezolana está subalimentada. (PanAmPost)

Nicolás Maduro está obeso. El aumento de su grasa corporal es inocultable. Sus kilos de más lo atascaron hace dos años en una tanqueta militar, se sofocó y desmayó. Ahora su liqui liqui (traje típico venezolano) “de gala” color blanco le aprieta y admite que su peso aumentó en Navidad mientras la población se quedó esperando en su mesa el prometido pernil «bolivariano».

A través de la señal del canal estatal, el dictador ironizó sobre su apariencia y aseguró que no se debe a su “régimen” porque su “único régimen” es para bajar los seis kilos que engordó en diciembre.

Su testimonio confirma que su alimentación, entonces, queda fuera de las estadísticas de las Naciones Unidas citadas por la BBC, que revelan las “carencias extremas en el consumo o la pérdida extrema de medios de vida” de 2,3 millones de venezolanos como consecuencias del socialismo del régimen de Maduro.

El hambre en el país lo desmiente. Lo más profundo en la nación es la falta de comida. Las familias sólo consumen cereales, raíces o tubérculos a diario y complementan con legumbres tres días a la semana y con lácteos cuatro días a la semana mientras que la ingesta de carne, pescado, huevo, vegetales y frutas está por debajo de los tres días a la semana para cada uno de estos grupos de alimentos, afirma BBC.

Se trata de una subalimentación debido a «la condición en la cual el consumo habitual de alimentos es insuficiente para proporcionarle la cantidad de energía alimentaria necesaria a fin de llevar una vida normal, activa y sana».

El virus del hambre en Venezuela

La organización humanitaria británica Oxfam publicó una alerta sobre «el virus del hambre» en la que Venezuela figura como uno de los 10 principales «puntos críticos».

Señalan que “incluso antes de la pandemia, más de la mitad de la gente con hambre en América Latina ya estaba viviendo en Venezuela». Y, según la organización humanitaria, ya hay evidencia de que un número cada vez mayor de venezolanos «está reduciendo la cantidad y calidad de la comida de su dieta».

De hecho, Oxfam estima que para finales de año unas 12000 personas corren el riesgo de morir diariamente por hambre vinculada al COVID-19 en todo el mundo, «potencialmente más que los que morirán por la enfermedad misma».

Y, en estos momentos, entre en sus «puntos críticos», solamente Yemen, República Democrática del Congo y Afganistán superan los 9,3 millones de hambrientos que la ONG británica estima que hay en Venezuela.

La cifra también equivale a 33 % de los hogares en situación de inseguridad alimentaria severa identificados en la última actualización de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) recogida por BBC, con un aumento de 10 % en comparación con los resultados de 2018.

Los problemas de alimentación no se limitan a los hogares más pobres: el promedio global de consumo de proteínas por día está muy por debajo de los 51 gramos diarios, e incluso en el quintil más rico solamente se consumen 24,7 gramos al día, afirma BBC.

Menos producción

Para satisfacer los requisitos alimentarios de cada venezolano a partir de los 36 kilos, se requieren 1.700.000 toneladas métricas de alimento per cápita, sin embargo, la disposición alimentaria cerró con 600.000 toneladas menos, es decir, sin el 40 % del requerimiento nutricional, revela Infobae.

Es esa disposición de alimentos en Venezuela la que se ha convertido en un instrumento de control social del régimen y cada vez que hay conflictividad política se incrementa el suministro de alimentos mediante la red de abastecimiento de Maduro, aseguró a Infobae la organización Ciudadanía Activa.

Pero el suministro es otro engaño. Las cajas de comida de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) llegan “más vacías”. En lugar de contener un peso de 19 kilogramos se despachan con la mitad con 12 rubros menos a los prometidos. Quizá se desvían a Miraflores. Así la corpulencia del tirano tendría sentido.

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Have lived and invested in Venezuela full time for the last eight years and visited for each of twelve years prior to that. Studied and closely followed developments in Venezuela since 1996.