Gobierno argentino cobra por el viento y regula hasta el mate

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Impuesto al viento y mate regulado. Los últimos dos disparates de las autoridades argentinas (Fotomontaje PanAm Post)

La economía argentina está en medio de una crisis que todavía no ha mostrado su peor cara. Su inflación, solamente superada por Venezuela en la región, puede mutar a hiper ante la primera crisis de confianza. El control de cambios ya arroja una diferencia de mas del 100 % entre el dólar legal y el libre. El desempleo, la desocupación y el cierre de empresas siguen en aumento, como era de esperar, a pesar de los absurdos decretos donde se prohíben los despidos hasta que termine formalmente la cuarentena.

Pero, lejos de comprender que el modelo estatista, deficitario y regulador es el responsable del desastre, el Frente de Todos sigue avanzando en el camino que ha conducido al país, que supo ser potencia, por el camino de la perdición.

Pobre Bastiat

Corría el año 1845 cuando en Francia el genial Frédéric Bastiat escribía su famosa petición “de los fabricantes de velas”. Allí, planteándolo como una propuesta real, el autor aseguraba que si se prohibía o limitaba el ingreso de luz natural a las casas de las personas, la industria de las velas iba a florecer, favoreciendo el desarrollo económico. Con una ironía inigualable, el autor de «La Ley» les decía a los parlamentarios franceses que si sus propuestas mercantilistas infantiles eran consideradas como virtuosas, eventualmente debían reconocer que su absurda propuesta era coherente con el resto de las iniciativas que se discutían en serio.

Si el tango dice que 20 años “no es nada”, podríamos decir que, para Argentina, 175 tampoco son demasiado. Casi dos siglos después, la voracidad fiscal del Estado (que vive permanentemente en déficit) lleva a las autoridades a evaluar nuevos tributos que harían que Bastiat se revuelque en la tumba.

En la ciudad de Puerto Madryn, provincia de Chubut, el intendente logró aprobar una iniciativa que, literalmente, le pone un impuesto al viento. Gustavo Sastre, el jefe comunal, dictaminó que los parques eólicos deberán pagarle al municipio por el hecho de producir gracias al viento que sopla en el territorio. Para la Cámara Argentina de Energía Renovable, la iniciativa se trata de un impuesto “gravoso y arbitrario” para el desarrollo de la actividad.

No se salva ni el mate

En las últimas horas, mediante la Resolución 370/2020, publicada en el Boletín Oficial, el Gobierno nacional se metió, con sus regulaciones arbitrarias, hasta dentro del mate de los argentinos. Resulta que para la burocracia, la gente no es capaz de elegir su marca de yerba ni de solicitarle al mercado productos de buena calidad. Por lo tanto, a partir de este momento, la cantidad de “palo y polvo” que puede haber dentro de cada paquete deberá ser informada y limitada por los nuevos “requerimientos y exigencias”.

La iniciativa es impresentable por donde se la mire. Para empezar, no todos los consumidores estamos de acuerdo sobre cómo nos gusta el mate. Algunos prefieren propuestas más rústicas y otros, más delicadas. Hasta ahora, el mercado hizo un buen trabajo en tenernos satisfechos y abastecidos. En lo personal, me gusta mezclar diferentes yerbas con distintas características. ¿Será considerada ilegal mi actividad en cualquier momento?

Como suele ocurrir, las grandes empresas que disponen de muchos recursos, no tendrán demasiados inconvenientes para ponerse al día con la regulación. Las pymes, en cambio, sufrirán dolores de cabeza y tendrán nuevas complicaciones, como si la presión impositiva y las regulaciones vigentes no fueran suficientes.

Lo único que generarán las autoridades con todas estas medidas es una fuerte reacción adversa al momento del colapso. Lo que todavía es un misterio es … ¿desde qué nivel de destrucción tendrá que recomponerse la Argentina? Por ahora, seguimos en caída libre.

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admin
Have lived and invested in Venezuela full time for the last eight years and visited for each of twelve years prior to that. Studied and closely followed developments in Venezuela since 1996.