El socialismo venezolano mata de hambre a los ancianos.

venezuela headline news

Los ancianos solo luchan por sobrevivir, algunos solos en sus casas y otros en hogares de acogida. (pxhere)

La crisis humanitaria en Venezuela golpea cada vez con más fuerza a los venezolanos más vulnerables. Dos adultos mayores fallecieron en su departamento por desnutrición: una situación que refleja cómo los ancianos, al igual que los niños, se encuentran completamente desprotegidos.

Se trata de los hermanos Silvia Margarita Sandoval Armas, de 72 años, y Rafael David Sandoval Armas, de 73,  que ante la crisis generalizada, sumada a la cuarentena por la pandemia del coronavirus, no tenían las posibilidades de comprar alimentos para sobrevivir. Una circunstancia que se repite en todos los estados del país.

Los cuerpos de los hermanos fueron hallados en estado de descomposición luego de que los vecinos alertaran a los bomberos debido a que «no sabían nada de ellos y no contestaban a sus llamados».

“Los vecinos llamaron a los Bomberos del Distrito Capital, la tarde del lunes 26 de octubre, porque tenían tiempo que no veían a los abuelitos. Una vecina dijo que la última vez los vio muy débiles”, escribió en la red social Twitter la periodista venezolana Yohana Marra.

De acuerdo con el testimonio de algunos vecinos, los ancianos dependían de los alimentos que les acercaban en el edificio, debido a que solo contaban con una pensión de 400 000 bolívares (USD$ 0,79) para todo el mes. En Venezuela hay más de cuatro millones y medio de pensionados que reciben solo esos 400 000 bolívares mensuales. Y los precios aumentan a diario a causa de la hiperinflación, con una dolarización de facto.

Y aún peor. “No todos los adultos mayores de Venezuela tienen pensión del IVSS. En el marco de una emergencia sanitaria compleja, agravada por una crisis sanitaria global por la pandemia por covid-19, enfrentan grandes dificultades para sobrevivir. Tienen limitado acceso a insumos básicos para salvaguardar su propia vida y serias limitaciones para tener acceso a la salud”, señaló a El Nacional Francelia Ruiz, directora de proyectos de Convite.

Y es que muchos ancianos cuyas familias han emigrado se encuentran a la deriva, cobrando pensiones estatales miserables.que los condenan a muerte, y no están en condiciones de movilizarse, adquirir sus alimentos o acudir a un médico. Si no cuentan con familiares en el país, simplemente se van dejando morir.

Ya para finales de 2017, un estudio realizado por la asociación civil Convite determinó que los adultos mayores perdían en promedio hasta 1,3 kilos de peso por mes, mientras la Encuesta de Condiciones de Vida 2018 indica que la esperanza de vida en el país se redujo en 3,5 años.

A las dificultades para conseguir alimentos se suma la escasez de medicamentos, que asciende a aproximadamente un 85% en todo el territorio nacional. Según la Federación Farmacéutica Venezolana al menos 400 farmacias cerraron sus puertas en el país durante los últimos dos años.

Los efectos de la migración masiva 

La masiva migración de los venezolanos que buscan un mejor futuro en tierras foráneas ha tenido conscuencias de carácter moral en muchas familias. Los ancianos que no están en condiciones de emigrar y empezar una nueva vida han quedado librados a su suerte.

«En Caracas ya hay barrios donde solamente viven viejos. La familia se fue y los dejó solos con un caserón vacío”, relató Luis Francisco Cabezas a la agencia de noticias DW.

«Los suicidios entre los ancianos han aumentado: en 2017 hubo 25; en 2018 hubo 28», revela el reportaje.

Y es que mientras se mantenga la pugna política entre el régimen y la oposición, muchos adultos mayores en Venezuela seguirán siendo personas tristes, desatendidas, con ropas desgastadas y enflaquecidas.

This post was originally posted on PanAm Post – View Original Article

Please follow and like us:

About the Author

admin
Have lived and invested in Venezuela full time for the last eight years and visited for each of twelve years prior to that. Studied and closely followed developments in Venezuela since 1996.