El plebiscito y el suicidio de Chile

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Los jóvenes han sido el gran factor del plebiscito en Chile para aprobar el cambio de la Constitución. (EFE)

Chile realizó un plebiscito este 25 de octubre que definía su futuro como el único país próspero de la región. Y tal como se esperaba, la opción ‘apruebo’ terminó ganando por un amplio margen: 78 % (más de 5,8 millones de votos) y también un 78 % de los votantes le dio su preferencia a la Convención Constituyente, es decir el “pueblo chileno” elegirá a 155 personas que escribirán la nueva constitución. En palabras simples, Chile ha cometido suicidio a vista y paciencia de todo el mundo.

“Plaza de la Dignidad. No olvidamos. 1973” y “Acabar con tu legado será nuestro legado” (refiriéndose a Pinochet) eran las pancartas que se vieron en Plaza Baquedano a la hora de celebrar la victoria. La izquierda, gran responsable de destruir a Chile, ha logrado algo que se ha descrito como un golpe de Estado postmoderno: se le tuerce la mano al gobierno con base a protestas violentas y terminan siendo ellos los que controlan las riendas del poder, sin gobernar.

Recordemos que este fue un plebiscito impuesto por medio de la violencia y destrucción: supermercados saqueados, iglesias quemadas y monumentos destruidos. Por algo los sucesos de Chile también se han descrito como una revolución socialista, elitista y nihilista, en contraste con la narrativa falsa del “estallido social”, donde los grupos más extremistas de la población quieren implementar una tabula rasa: acabar con el neoliberalismo, con la historia y con la cultura.

La minoría ruidosa

Pero si analizamos los datos, nos daremos cuenta que cerca de 49 % de los chilenos se quedaron en sus casas debido a que el voto era voluntario para este plebiscito (no como el plebiscito de salida que es con voto obligatorio). Tampoco esta elección tenía un quórum mínimo de participación; así que los resultados que se dieran, serían los oficiales. En palabras simples: 38 % de la población chilena decidió cambiar la constitución y el 62 % restante debe acatar.

Y lamentablemente en ese 38 % de la población chilena, que solamente es una minoría ruidosa pero muy destructiva, hay un grupo no menor de personas que está en una especie de síndrome de Estocolmo, porque cree que gracias a una nueva constitución se tendrán mejores pensiones, mejores sueldos y mejor calidad de vida en general, cuando en realidad tendrá más pobreza y tendrá menos libertad.

Y, por supuesto, la Convención Constitucional no tendrá representantes del pueblo como se ha dicho desde el principio, sino que serán los políticos los que escriban la nueva constitución, elegidos en una elección aparte. Ellos escribirán la nueva constitución, no para darle igualdad y justicia a los chilenos, sino que para darse poder a ellos mismos.

La seducción de los jóvenes

Y los jóvenes han sido el gran factor en esta elección, ya que se dio una gran participación de ellos por creer que son parte del cambio. Eso se debe a que los jóvenes menores de 35 años prefieren que el Estado se encargue de los problemas o prefieren vivir en un país socialista porque creen que el capitalismo los perjudica. Ellos no son la posta de las generaciones previas, sino que prefieren destruir  todo lo que conocen, incluso si eso les trae la pérdida de su libertad.

No por algo se los ha descrito como la generación perdida, debido a esto. Y los factores que los ha llevado a ser seducidos por el socialismo son: falta de trabajo, estudios, pareja, familia y sexo. Tienen ansiedad y depresión, que los lleva a ver al mundo de manera hostil. Tampoco tienen religión y son independientes políticamente, es decir no pertenecen a partidos políticos pero tienden a ser de izquierda, gracias al adoctrinamiento escolar y universitario que se ha hecho en estos años.

Y la derecha en general todavía no hace un mea culpa de la situación. Los conservadores y libertarios nunca entendieron que hablar de libertad y libre mercado no es suficiente si no ponen atención a lo que pasa a su alrededor. La izquierda gana la batalla cultural porque saben que es así como pueden lograr sus objetivos. Considerar que la batalla cultural es irrelevante o considerarla un invento y que solo importa la libertad, es no haber entendido nada.

La batalla cultural perdida

Si la izquierda habla de legalizar las drogas, el aborto y el matrimonio igualitario y aumentar el gasto social y los impuestos y no de reducir el Estado o de conservar la familia como paso en Chile, es probable que la izquierda gane elecciones como este plebiscito y lo siga haciendo de forma perpetua. Y la razón es obvia: conservadores y libertarios apoyan estas medidas para no quedar obsoletos o considerarlas ingenuamente como parte de la libertad. Fue así como la batalla cultural la ganó la izquierda en Chile, porque el bando contrario decidió no hacerle el contrapeso necesario a la izquierda.

¿Qué pasará en el corto plazo? Lo más probable es que la violencia siga igual y el siguiente objetivo sea la caída del presidente Sebastián Piñera. Irónico considerando que el propio presidente estaba a favor del ‘apruebo’ y de cambiar la Constitución, al igual que la centro-derecha, donde muchos de sus integrantes apoyaron desde el principio el ‘apruebo’. Piñera apoyó el cambio de la Constitución como única forma de salvarse de lo inminente: su destitución producto de las revueltas de octubre y noviembre del 2019.

Las consecuencias para la región

Y también en el corto plazo, esto generará consecuencias en toda la región. Se tendrá movimientos parecidos a lo de Chile que quemarán todo a su paso para obtener lo que desean: controlar el poder. Nótese que Nicolás Maduro, Evo Morales y las FARC felicitaron al “pueblo chileno” que construirá una sociedad mejor al desechar la “constitución de Pinochet” (una constitución que se ha descrito como liberal), lo que indica que la izquierda latinoamericana aprueba con buenos ojos el plebiscito.

En cierta medida, esta ha sido una de las derrotas más grandes que ha tenido la libertad en los últimos años y que puede traer consecuencias desastrosas para todos. Mientras no se entienda que la izquierda latinoamericana, encerrada en la mentalidad de la guerra fría, es el verdadero enemigo y no los conservadores, es muy probable que estas derrotas sigan produciéndose, y si no se entienden las raíces del problema, tampoco se encontrarán soluciones reales al estatismo. Es deber de todos detener a la izquierda antes de que se tarde.

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Have lived and invested in Venezuela full time for the last eight years and visited for each of twelve years prior to that. Studied and closely followed developments in Venezuela since 1996.